“Yo no lo necesito, para eso me desahogo con una amiga”. “¿Cómo será la primera vez?”. “Entro en la consulta y no sabría qué hacer”. Son algunas de las reflexiones que hace una persona cuando en su entorno nace la idea de acudir a un psicólogo. Aquellos prejuicios de una profesión joven -empieza a surgir en los años 80- que iban desde “ir al loquero” o “para que vayas y le cuentes cuatro cosas y te de un consejo me voy con un amigo o el cura”, en los últimos años han ido disminuyendo, dando paso a una descripción del profesional más ajustada a la realidad. Sin embargo, aún quedan muchos mitos que tumbar y algunas cuestiones que resolver a la hora de decidir acudir a un profesional. “Es cierto que la psicología tiene una parte de tratamientos de patologías mentales, pero no solo trabajamos con personas que tengan problemas, también somos una profesión que busca que mejore el desarrollo y la salud de las personas”, expone el decano-presidente del Colegio Oficial de Psicología de Las Palmas, Francisco Javier Sánchez.
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