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11/05/2026Cuidar al cuidador: la importancia del autocuidado en las personas cuidadoras y en los y las profesionales de la Psicología
El cuidado constituye una función esencial para el sostenimiento de la salud, el bienestar y la calidad de vida de las personas en situación de enfermedad, dependencia o vulnerabilidad. En este contexto, la figura del cuidador o cuidadora —frecuentemente informal— desempeña un papel central, asumiendo tareas de apoyo físico, psicológico, emocional y organizativo que resultan imprescindibles para la continuidad de los cuidados. Diversos trabajos han subrayado que las personas cuidadoras constituyen un elemento clave en los sistemas de atención, especialmente, en el ámbito de la salud mental, donde la implicación familiar y comunitaria resulta determinante (Savage & Bailey, 2004; Garrido Barral, 2003).
En España, como en otros países, una proporción significativa de personas dependientes permanece en el entorno comunitario, siendo atendida por familiares –principalmente, por mujeres-, lo que sitúa al cuidador primario como una figura esencial en la atención cotidiana. Este/a cuidador/a no solo supervisa tratamientos y cubre necesidades básicas, sino que también actúa como informador, mediador y soporte emocional continuo, organizando la vida diaria y tomando decisiones relevantes en torno a los cuidados (Garrido Barral, 2003). Esta implicación sostenida en el tiempo convierte la función del cuidado en una experiencia compleja que atraviesa múltiples dimensiones de la vida personal, familiar y social.
Consecuencias psicológicas del cuidado y procesos implicados
Sin embargo, el ejercicio del cuidado conlleva importantes implicaciones para la salud mental de quienes lo desempeñan. La literatura científica ha documentado de manera consistente que las personas cuidadoras presentan mayores niveles de ansiedad, depresión, estrés y sobrecarga en comparación con la población general (Savage & Bailey, 2004; Zarzycki & Morrison, 2021; Soh et al., 2025). De hecho, estimaciones recientes sitúan la prevalencia de síntomas depresivos en torno al 33%, de ansiedad en más del 35% y la sensación de sobrecarga en cerca del 50% de los y las cuidadoras informales, lo que refleja la magnitud del impacto psicológico asociado a este rol (Soh et al., 2025).
Este impacto implica una serie de procesos psicológicos complejos que se desarrollan de forma progresiva. Entre ellos, destacan la sobrecarga subjetiva, entendida como la percepción de desbordamiento ante las demandas del cuidado, y la sobrecarga objetiva, relacionada con el tiempo, las tareas y las responsabilidades asumidas (Savage & Bailey, 2004). Asimismo, el cuidado prolongado puede generar un estado de estrés crónico caracterizado por una activación sostenida de los sistemas de respuesta al estrés, con implicaciones tanto psicológicas como fisiológicas, que incrementan la vulnerabilidad a problemas de salud mental y deterioro del bienestar general (Sánchez-Gil et al., 2026; Pank et al., 2025; Tang Raffone & Wong, 2025).
En este sentido, la evidencia reciente apunta a que el estrés no constituye solo una consecuencia del cuidado, sino también un mecanismo mediador a través del cual la ansiedad y la depresión incrementan la sobrecarga percibida, lo que subraya su rol central en el deterioro psicológico de las personas cuidadoras (Cejalvo et al., 2025)…




