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Cuando el acoso escolar no tiene límites de tiempo ni espacio: claves para comprender, prevenir y abordar el ciberbullying

La expansión de Internet, las redes sociales, las aplicaciones de mensajería y, más recientemente, las herramientas de inteligencia artificial (IA) han transformado profundamente la manera en que niños, niñas y adolescentes se comunican y construyen sus relaciones actualmente. Sin embargo, junto a las variadas oportunidades que pueden ofrecer estos espacios, el entorno digital ha ampliado también las posibilidades de ejercer violencia entre iguales (Kasturiratna et al., 2025; Blanco et al., 2026; Rodríguez Salinas et al., 2026; Comisión Europea, 2026). En este contexto, el acoso escolar ha encontrado nuevos espacios y formas de expresión en el entorno digital, entre ellas, el ciberbullying, una modalidad de acoso escolar que presenta unas características específicas que pueden aumentar su alcance y prolongar sus efectos.

¿Qué es el ciberbullying?

Aunque existen diferentes conceptualizaciones, el ciberbullying puede definirse, en términos generales, como una forma de agresión intencional ejercida mediante tecnologías digitales contra otra persona, habitualmente, en el contexto de las relaciones entre iguales. Puede materializarse a través de redes sociales, aplicaciones de mensajería, videojuegos, foros, correo electrónico y otros entornos digitales (NASP, 2023; Kasturiratna et al., 2025; Rodríguez Salinas et al., 2026; Comisión Europea, 2026).

Entre sus manifestaciones se encuentran los insultos y amenazas; la difusión de rumores o información falsa; la publicación de fotografías o vídeos humillantes; la revelación de información privada sin consentimiento; la exclusión deliberada de grupos digitales; la suplantación de identidad o el uso de contenidos sexuales para humillar o amenazar. También puede adoptar formas aparentemente menos evidentes, como determinadas bromas, comentarios, memes o exclusiones cuya reiteración y contexto terminan convirtiéndolos en instrumentos de agresión (Comisión Europea, 2025; UNICEF, 2026; Fundación ANAR, 2026c).

Identificar esta grave situación puede complicarse todavía más porque los códigos comunicativos utilizados por niños, niñas y adolescentes evolucionan con rapidez. Los expertos advierten del uso de palabras, abreviaturas, números y expresiones codificadas para sortear los sistemas automatizados de detección de las plataformas, una circunstancia que puede dificultar que familias y profesionales detecten las situaciones de violencia o riesgo (Fundación ANAR, 2026a).

La expansión de Internet, las redes sociales, las aplicaciones de mensajería y, más recientemente, las herramientas de inteligencia artificial (IA) han transformado profundamente la manera en que niños, niñas y adolescentes se comunican y construyen sus relaciones actualmente. Sin embargo, junto a las variadas oportunidades que pueden ofrecer estos espacios, el entorno digital ha ampliado también las posibilidades de ejercer violencia entre iguales (Kasturiratna et al., 2025; Blanco et al., 2026; Rodríguez Salinas et al., 2026; Comisión Europea, 2026). En este contexto, el acoso escolar ha encontrado nuevos espacios y formas de expresión en el entorno digital, entre ellas, el ciberbullying, una modalidad de acoso escolar que presenta unas características específicas que pueden aumentar su alcance y prolongar sus efectos…

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