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05/10/2026La Psicología debe formar parte de la rehabilitación cardiovascular para atender las necesidades psicológicas y sociales
La atención psicológica debería constituir un componente estándar de la rehabilitación cardiovascular, con profesionales de la Psicología adecuadamente formados e integrados en los equipos multidisciplinares durante todas las fases del proceso. Vivir con una enfermedad cardiovascular o sobrevivir a un infarto, un ictus o una parada cardiaca puede generar importantes consecuencias psicológicas, emocionales, cognitivas y sociales, entre ellas, ansiedad, depresión, miedo ante el futuro, pérdida de confianza, dificultades de adaptación y alteraciones de la propia identidad, que pueden interferir en la recuperación y en los resultados clínicos.
Así lo indican la British Psychological Society (BPS) y la British Association for Cardiovascular Prevention and Rehabilitation (BACPR), en un comunicado conjunto a través del cual defienden la incorporación de profesionales de la Psicología con formación específica en salud física a los programas de rehabilitación cardiovascular, ofreciendo, a su vez, una serie de recomendaciones dirigidas a garantizar una atención integral y biopsicosocial. Con motivo del Día Mundial del Corazón, que se celebra hoy, 29 de septiembre, para concienciar sobre las enfermedades cardiovasculares (ECV), recogemos este comunicado, que pone de relieve la importancia de la atención psicológica en todo el proceso de prevención, detección e intervención.
Salud física y salud mental, estrechamente relacionadas
El comunicado parte de la estrecha relación existente entre la salud física y la salud mental. Tal y como recuerda, los problemas de salud física tienen una dimensión psicológica que puede repercutir en los estilos de vida, la adaptación, el afrontamiento, la recuperación y el bienestar. En el ámbito cardiovascular, esta relación adquiere una especial relevancia.
La BPS y la BACPR señalan que niveles elevados de malestar psicológico y estrés crónico se relacionan con un mayor riesgo cardiovascular. Entre los posibles mecanismos implicados mencionan las respuestas fisiológicas al estrés y las alteraciones hemodinámicas, vasculares e inmunitarias. A ello, se añade que una elevada carga de estrés o los problemas de salud mental pueden favorecer comportamientos perjudiciales para la salud cardiovascular, como pueden ser el evitar la actividad física, fumar o recurrir al alcohol u otras sustancias como forma de relajación o afrontamiento emocional.
La relación opera también en sentido inverso. Vivir con una enfermedad cardiaca o cardiovascular crónica, tanto congénita como hereditaria, o sobrevivir a un acontecimiento inesperado como un ictus, un infarto de miocardio o una parada cardiaca súbita puede tener importantes consecuencias psicológicas y neuropsicológicas. El documento menciona, entre otras, el shock, el miedo al futuro, la pérdida de confianza en las propias capacidades físicas y de la sensación de seguridad, los cambios en la identidad personal, la ansiedad y las dificultades para gestionar las emociones. Estas complicaciones pueden obstaculizar posteriormente la recuperación y la rehabilitación física…




